viernes, 14 de diciembre de 2012

Escalafón y reconocimientos


                  En el lugar de los hechos, el juez de guardia reconoce el cadáver. No sólo lo reconoce, sino que, por algún motivo, experimenta una inesperada sintonía, una irremediable (con)fusión con el fallecido. Al juez de guardia le asalta una tenebrosa sospecha, apenas el filamento de lo que podría ser ya certeza.
 
            Todo esto sucede justo un segundo antes de que llegue al recinto acordonado el juez de guardia sustituto. Y dos segundos antes de que éste, mientras reconoce -cómo no- el cadáver, empiece a disfrutar por anticipado su inminente ascenso.

4 comentarios:

  1. Muy bueno, caro amigo.

    En España unos mueren o se suicidan por lo mismo que otros festejan con regocijo.

    Un abrazo.

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  2. ¡Truculentamente brillante! Pocas palabras para un relato en el que hay que detenerse y releer con calma para desvelar el misterio. ¡BRAVO!
    Un abrazo.

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