miércoles, 30 de septiembre de 2015

Ejercicio para repetidores


Primer problema, si un tren parte
desde tu corazón en descampado
a la estación festiva
donde nadie lo espera,
                                     si circula
por los raíles de la desesperanza,
y, en sentido contrario,
amanece sobre los prados yertos
donde abreva el futuro,
                                      ¿cuándo,
dónde,
            para qué
se cruzará el temblor de lo imposible
con la invasora soledad sin frenos?

¿Cuál es el resultado de la nada
lanzada entre quimeras
a doscientos kilómetros por sueño?

Por cierto, está prohibido
copiar respuestas de la vida misma


    Texto incluido en el poemario El sueño esquivo de las isobaras,  Ediciones Cardeñoso, Vigo.  Septiembre 2015

martes, 1 de septiembre de 2015

Homenaje

                                          
                                                                                                        Para A. Porpetta

                       La adoraba. La idolatraba. Respiraba, furtivo, el aroma a desdén que ella desprendía, detenidos ambos al sutil azar de los semáforos. El roce casual de un codo sobre la mochila bicolor, era botín suficiente. Por ella discutió, peleó, se humilló. Sangró de los nudillos y del corazón desollado.

             Por ella, como prueba irrefutable de amor, se comió el libro de sociales de séptimo. Ciento seis páginas, fotos a color y cólico gástrico. Daba igual. Podían lavar su estómago, pero no aquel ensueño visceral. En urgencias, ante el ilustrado bolo, la vio pasar. Indiferente, altiva. Acompañada, como siempre, por otro.


              La vio pasar, veintisiete años después, igual de indiferente, menos altiva, esta vez sola. Su pose ya no era desafiante, las arrugas reflejaban los hachazos del tiempo. Pese a todo, nostálgico de la deidad perdida, tuvo un gesto de homenaje. Un gesto para la contraportada de su amor. Heroico, inútil, como los de antaño...

                   Se comió el tomo íntegro de Guerra y paz. Mil quinientas treinta y dos páginas de aquella edición argentina que leyó de joven. Mil quinientas treinta y dos páginas con personajes buscando, esófago abajo, su ya escrito destino.  Los hay que nunca envejecen.

Homenaje,también, a A. P., miembro del jurado que me premió este texto en Elda, el año 2011. Con todo el cariño para el maestro Porpetta, a quien el amor ha mostrado ahora su dolorosa faceta de ausencias.