
Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.

Impresionantes minutos finales de esta película, de este manto de soledades sobre vivos y muertos.
http://www.youtube.com/watch?v=z5trypRMVLU
http://www.youtube.com/watch?v=z5trypRMVLU
Me encanta la nieve y el "abrazo dulce de sus copos", "sobre los vivos y los muertos".
ResponderEliminarMezclo tu poema con el pasaje de Joyce. La nieve en las ciudades tiene una belleza muy efímera, pero en el campo, en las montañas y hasta en los cementerios crea un ambiente mágico de blancos, de luz particular, de sonidos diferentes y sobre todo de paz.
Y de evocación, y de soledad compartida, y de reflejos del tiempo... Un abrazo, Catherine.
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ResponderEliminarPresento mis respetos.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte.
Ya veo que tienes un guiño de nieve en tu blog. Lo seguiré. Y también veo que conoces a María Blázquez. Pues eso, los amigos de mis amigos...
EliminarGracias Amando, si leyendo mi entrada te has acordado de esta otra "nieve literaria" estoy de enhorabuena. Voy mejorando poco a poco literariamente hablando. Un abrazo,
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